Pedalear hacia la infancia

Salir de Valencia en bici hacia el parque de la Albufera representa en cierto modo recuperar el paisaje de la inmaculado de la infancia y también el patrimonio intangible de nuestro pueblo, ligado al agua, los pantanos y los lagos y la irrigación.

Dejamos de lado la futurista arquitectura de la Ciudad de las Artes para retroceder siglos en la historia. Tres alquerías en torno a un patio común nada más dejar la ciudad nos recuerda la perspectiva de la gran familia o clanes hebreos o árabes que fundaron la ciudad medieval

Punto de observación de la huerta y el mar
El punto de observación de Pinedo nos obsequia con las dunas fijas recuperadas, el olor de las plantas aromáticas y el azul intenso mediterráneo de un lado, el verde mar de siempre, con los cargados barcos como camellos a la espera del otro. A occidente,r los campos de arroz que pasan del azul intenso al verde granado y amarillo cosechero.

La playa de El Saler

Llegamos a la playa de El Saler donde nos adentramos en un bosque que conjuga las depresiones salinas de antiguos humedales con los pinos centenarios envueltos en un manto de madreselva.

La gola de El Saler
Más allá, la gola de El Saler nos abre y cierra sus compuertas, como un gigantesco gesticular de brazos, para controlar el nivel de agua de los campos de arroz que rodean al lago.

La bicicletas exhausta después de 15 kilómetros me invita a darme un chapuzón mientras descansa aparcada.
La perspectiva aérea desde el apartamento de una amiga nos permite conjugar la línea de costa a un lado con con la de los campos de arroz y sus motores en fila, como pacientes vigías de la paz del momento.
Finalmente, la puesta de sol en la perspectiva occidental del lago nos invita a bañar nuestra vista en una atmósfera dorada que nos purifica las almas.

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