Hemos escrito otras veces de la belleza del cielo azul de Valencia, con esos tonos mediterráneos de sus grandes pintores modernistas. Hemos estado en las Torres de Serrano numerosas veces, con alumnos de Francia,Italia, Alemania, Inglaterra.

También desde la torre del Miguelete nos hemos parado a contemplar con los grupos de turistas el panorama que llega a veces hasta el mar.

Vista desde las Torres

Ahora subimos hasta la Torre de Santa Catalina, donde por un precio de 1,50€ por persona, podemos detenernos a contemplar con asombro un panorama de otras épocas.

Plaza Redonda

 Hacia el lado meridional vemos lo que parece un coso taurino pero en realidad es la plaza de Santa Catalina, centro comercial de la Valencia de otro tiempo, donde venían a comprar toda clase de personas, desde la mujer del labrador, hasta la señora venida a menos que quiere exhibir a sus hijas casaderas, como cuenta en Arroz y Tartana Blasco Ibáñez.

 

Del otro lado, hacia el norte, vemos la Torre del Miguelete y la silueta de la catedral donde se albergan tantos secretos preciados como el Santo Grial o cáliz de Jesús en la Última Cena, los cuadros de la historia de la Virgen María, y la capilla de Rodrigo de Borja donde ejerció de obispo metropolitano antes de marchar hacia Roma. Otras maravillas se otean hacia la Plaza de la Virgen donde desde “tiempos de los moros” se celebraba el Tribunal de las Aguas y se solventaban de forma pacífica los pleitos por los límites de los campos y los tiempos de riego.

Miguelete y Plaza de la Reina

La plaza de la Virgen ofrece su espacio diáfano que delinearon a escuadra los romanos para establecer el centro cívico de su ciudad,que se ha ido corriendo cada vez más hacia el sur, hasta la actual Plaza del Ayuntamiento

Seguimos hacia el norte y vemos los prodigios de la Valencia gótica, como el soberbio palacio de la Generalitat,que cumple 800 años, las torres de Serranos y las de Quart.Seguimos dando la vuelta al antepecho del cuerpo de campanas y nuestra vista se deleita con la Valencia dela artesanía, el avituallamiento y el comercio, con edificios modernistas como el del Mercado central que recuerda su vida juvenil al gótico señero de La Lonja mientras que el barroco místico de los Santos Juanes, antigua mezquita, da la voz de la horas a los apresurados en la cesta de la compra.

Mercado, Lonja, santos Juanes

Calle de san Vicente
Calle de San Vicente Mártir

Valencia desde el subsuelo

Valencia desde el subsuelo

Otras veces hemos querido pasear por la Valencia del subsuelo, donde nos aguarda muy cerca el Museo de la Catedral en cuyas entrañas se guarda una antigua cisterna, parte del pavimento de la Via Augusta y enterramientos de damas y caballeros árabes con la mira en la Meca. Más allá, en el Museo de la Almoina descienden nuestros pies para volcarnos en la solemne técnica arquitectónica de los romanos de tiempos de la República, con las termas en que alimentaban su ocio, la fuente de la salud dedicada a Escolapio, el punto cero de la ciudad con el cruce del cardo y el decumano, lo que sería el mercadillo del grano y de la carne, el foro imponente para las reuniones civiles, el templo del emperador a un lado, la curia de los“antiguos” y de los “veteranos” de las guerras, los restos de basílicas visigótica que nos hablan de la devoción a san Vicente Mártir en todo el orbe cristiano de rito latino.

 Te animamos a visitarla con nosotros.

jvniclos